Comunicación
Es aquel capítulo de la formación que nadie nos enseña y que se aprende
de observar los maestros con los que compartimos el día a día en el hogar, el
colegio, la universidad, el trabajo y durante el resto de la vida, pero que se
requiere de una capacidad de escucha y de observación muy aguda para lograr
aprender, entender y recibirla de la mejor manera, sin perder nuestra
autenticidad para comunicarnos y lograr el fin al momento de enviar o recibir
un mensaje, sin embargo no siempre aprendemos a hacerlo de la mejor forma en
nuestro proceso formativo técnico como lo es el colegio o la universidad, ya
que no es una “necesidad” importante ni de interés en muchas instituciones, a
pesar de ser la comunicación la herramienta que más usamos en la mayoría de
nuestras relaciones familiares, sociales, políticas, laborales etc.
Y si además le agregamos no solo que es una herramienta de uso
frecuente, sino que es la herramienta de uso obligado como sucede en muchas
profesiones y en especial a los que pertenecemos al área de la salud; sería lo
mínimo esperable que quien se haga llamar profesional en esta área y además se
considere un artista en su oficio tenga la mínima formación y capacidad
comunicativa para acercarse a la gente y en especial a los pacientes, que de
entrada ya están sufriendo por sus padecimientos y esperan ser recibidos,
tratados e informados con empatía y compasión y que si no logramos
comunicarnos de forma óptima, seremos responsables de un malestar
adicional e incluso de acrecentar la angustia y el sufrimiento de quien recibe
una noticia grave o una mala noticia de una manera incorrecta.
Quiero compartir este corto video perteneciente a una película llamada
un loco suelto en Nueva York, donde evidenciamos una situación sumamente
frecuente en la atención médica, como lo es un paciente enojado, acelerado,
impaciente y además angustiado por una condición clínica que lo aqueja
crónicamente y lo tiene sufriendo, con la contraparte de una profesional con
poco tacto, mínima capacidad comunicativa, enganchada con la conducta negativa
del paciente, lo que consigue inevitablemente una pésima relación médico
paciente y un resto de día seguramente malo para la profesional como para
quienes la rodean, al igual que un día de pesadilla para el paciente al momento
de salir de la atención.
No justifico la falta de educación, cultura, paciencia, tolerancia ni el
irrespeto de algunos y en ocasiones muchos pacientes, sin embargo esto no
justifica ni explica la misma falta en muchos profesionales, que frecuentemente
se indignan con el comportamiento de los pacientes, pues olvidamos que en la
atención médica somos nosotros los que controlamos la situación y cuando un
paciente llega a nosotros o nosotros a ellos, de entrada vienen perdiendo en
muchas circunstancias como son: síntomas físicos, síntomas psíquicos, pérdida
de la calidad de vida, alteración del sueño, fatiga, angustia por la enfermedad
y sus implicaciones a nivel personal, emocional, espiritual, económico,
familiar, laboral, social y la posibilidad que esta condición además de lo
anterior corresponda a una enfermedad no curable e incluso lo conducirá a la
muerte propia o a la muerte de su familiar o ser amado y si a eso le agregamos
un profesional que no logra entender esto y aceptar que estas condiciones
pueden explicar mucho del comportamiento de los pacientes y que en su actuar lo
que nos están informando es que su condición lo está desbordando física y
psíquicamente y que al recurrir a nosotros esperan que seamos un oasis en un
desierto e incluso el bálsamo para su sufrimiento físico y psíquico; pero le
devolvemos su comportamiento con maltrato, desprecio, desatención, desinterés y
en ocasiones, subestimando su condición olvidando su padecimiento. Como esperar
una medicina más humana, amigable, cercana, empática y compasiva si no logramos
escuchar, observar, tocar ni entender más allá de nuestros prejuicios, ni
intentamos entender este comportamiento y
verlo de la manera más objetiva para así dar a ellos lo que realmente
necesiten de nosotros, atención, cuidado, importancia y finalmente un médico
que procura subirse a su capacidad de comprensión y se monta en el discurso
coloquial para lograr una comunicación bidireccional afectiva y asertiva con
una mejor relación e imparto en la atención y el tratamiento.
Miremos los pacientes a los ojos, escuchémoslos no solo con el
conocimiento, también con el sentir, toquémoslos con el corazón y hablémosles
con el alma, no nos enfrentemos a ellos, pues de esta manera nos usarán como
bolsa de boxeo para descargar en nosotros con su ira todos los golpes provenientes
de su angustia y sufrimiento.
Puede también ser visto en el siguiente link:
Ó
Juan David Osorio González