Los avisos de la Muerte
(Cuento Gallego)
Un joven se encontró en un
camino con la Muerte y, caminando juntos, se hicieron muy amigos. Y en nombre
de esa amistad, el joven le pidió un favor a la Muerte: que, para poder
disfrutar de la vida con mayor tranquilidad, le avisase con tiempo de que su
hora final se aproximaba. La Muerte le prometió que así lo haría.
Pasaron muchos años. El joven
se hizo viejo sin que la Muerte apareciese a anunciarle su final. Pero un día
la Muerte se presentó de pronto, diciéndole que venía a por él. El hombre, muy
asustado, protestó porque eso no era lo que habían acordado. La Muerte le había
prometido que le avisaría con tiempo y no le parecía bien que viniera a
llevárselo sin previo aviso.
¿Se te puso el pelo blanco?
preguntó la Muerte.
Sí se me puso blanco, sí
respondió el viejo.
¿Se te cayeron los dientes?
Sí se me cayeron, sí.
¿Se te cansaron las piernas?
Sí se me cansaron, sí.
¿Perdiste las fuerzas?
Sí las perdí, sí.
¿Y te parecen pocos avisos?
dijo la Muerte en la hora final.
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