
Cuidados al final de la vida, historias de muerte, ejemplos de vida.
Quiero compartirles esta maravillosa historia, de un paciente, enfermo de cáncer, que como muchos otros podría llamar maestro.
Gilberto
Gilberto es un paciente de 57 años, dedicado a la litografía, casado, con hijos y nietos, quien presenta un cuadro de varios meses de evolución de pérdida de apetito, seguido de importante pérdida de peso, posteriormente dolor abdominal nauseas y vomito, le pregunto a Gilberto, porque a pesar de estar tan delgado y débil y durante tanto tiempo, porque no consulto al médico, la respuesta que me da es “doctor porque soy muy terco”, le explico a Gilberto que puede que la enfermedad que lo ha llevado a perder mucho peso y lo tiene tan enfermo podría ser algo avanzado, ante la información anterior, Gilberto solo levanta las cejas y alza los hombros de manera despreocupada; como es común en mis atenciones a pacientes con enfermedad terminal, primero les cuento su proceso, recordándoles los síntomas y el curso que ha presentado hasta el día que los evalúo, para posteriormente preguntarles, que piensan que podría ser lo que los tiene tan enfermos, Gilberto no es la excepción a esta pregunta pero de manera tranquila me responde que seguramente es algo malo, al intentar profundizar en esta respuesta le pregunto, “Gilberto, que puede ser algo malo para vos?” a lo que Gilberto responde, “doctor, pues un cáncer seguramente y como me descuide demás que esta avanzado, le explico a Gilberto que esta es la opción más probable, pero que sin realizar estudios no le puedo confirmar su diagnostico, a lo que Gilberto me invita a que lo estudie, solo con la intención de conocer la enfermedad que lo está menguando, pero advirtiéndome “doctor, si me diagnostican cáncer y esta avanzado no deseo que me hagan ni quimioterapia ni radioterapia”, le explique a Gilberto, que como médico debía cumplir su deseo, informándole previa mente que significaba no hacerse ningún tratamiento oncológico, a lo que Gilberto muy tranquilo me responde, doctor, no tengo problema con esa decisión y entiendo que no tratarme, así no tenga cura significa que me moriré de cáncer, le explique a Gilberto que indudablemente esto seria así y le pregunte: Estas preparado para recibir el curso de tu enfermedad y esperar morir con ella sin recibir tratamiento oncológico?, ante lo que Gilberto me responde que no tiene problema siempre y cuando le controle el dolor y el sufrimiento, a lo que le informo que la intención del manejo en el hospital en que estaba hospitalizado en función de su decisión seria para control de sus síntomas y prevención del sufrimiento, ante esta Información Gilberto toma mi mano entre sus delgadas, grandes y arrugadas manos, con largos, nudosos y delgados dedos y me dice, doctor le agradezco no me deje sufrir y me cumpla mi deseo de morir tranquilo.
Con el paso de los días se controlaron los síntomas de Gilberto en especial el dolor, lo que me permitió poder conversar con mas tranquilidad con el hombre, la ultima conversación que tuve con Gilberto antes de morir, fue en compañía de un hermano, que Gilberto permitió que permaneciera con nosotros en la habitación del hospital mientras conversábamos, pude preguntarle de nuevo como estaba con su situación, a lo que Gilberto (mirándome con sus profundos ojos oscuros, incrustados literalmente en su cara adelgazada por el cáncer , en la cual se podía ver toda la anatomía ósea), me contesto, que estaba muy tranquilo, sin siquiera parpadear, ni dejar de mirarme, al preguntarle cómo estaba con su familia ,me respondió que estaba tranquilo, al preguntarle cómo estaba con su dios, me respondió de la misma manera, que estaba tranquilo con él, cuando le pregunte si le preocupaba algo, me respondió que todo lo que había hecho hasta ese momento lo hizo con total conciencia, por lo que no se arrepentía ni de lo bueno ni de lo malo, por lo tanto refería estar en paz para poder morir, luego le pregunte si temía algo y me respondió que no, su cara en ninguna de las preguntas presento cambios diferentes a tranquilidad y sonrisas ante las respuestas y sus ojos siempre fijos a mí, mientras conversábamos agradablemente de temas que para la mayoría no son agradables, finalmente me despedí de Gilberto, pidiéndole me dejara tomar una foto suya para tenerlo en mi recuerdo y para contar su historia, a quienes quisieran escucharla, a lo que me responde con tranquilidad y con una sonrisa, “doctor tome todas las que quiera, que yo también lo recordare a usted” y este con sus ojos sonrientes sostuvo mi mamo entre las suyas, agradeciendo por la atención, por la sinceridad con la cual le explicaba su situación, por el trato digno brindado en el hospital y por la ternura y el cuidado con que las enfermeras lo trataron durante su estancia hospitalaria, para finalmente encomendarme a Dios, por el manejo que le había dado durante su estancia hospitalaria.
Un lunes en la mañana, le explique a Gilberto que sería dado de alta para continuar manejo medico domiciliario de su enfermedad terminal, pero Gilberto, conociendo la situación precaria de su familia, además sabiendo que en sus últimos años por decisión propia se había alejado de toda su familia, por motivos que no quise profundizar, pero que a Gilberto, no preocupaban, por lo anterior, para Gilberto en su soledad lo ideal era morir en el hospital, por esto me solicito de manera encarecida, que le permitiera estar en el hospital hasta el día jueves de la misma semana y llegado este día le diera de alta, de manera inesperada a pesar del importante deterioro de Gilberto, pero que por su condición médica no se veía muy cercano a morir, el día martes de esa misma semana, Gilberto muere en su habitación del hospital en compañía de uno de sus hermanos, quien informo, verlo muy tranquilo y apagarse como una vela.
Agradezco a Gilberto, por permitirme publicar esta fracción pequeña, muy pequeña de una larga, pero digna vida, que para mí, como profesional me otorga un gran aprendizaje, no solo en medicina, mas en el vivir y el morir, en especial ante un hombre como Gilberto, quien a pesar de estar postrado en una cama, con un cáncer avanzado, que está culminando velozmente con su vida, no reclama, ni reniega, ni se queja de su situación, solo lo recibe como viene y lo acepta con tranquilidad y calma, ese comportamiento, solo es posible verlo en aquellos pacientes que como Gilberto tomaron las riendas de su vida con responsabilidad e independiente de su actuar bueno, regular o malo, asumen la responsabilidad sin dolor , angustia, ni nostalgia, para entender al final, que luego de una larga y buena vida, en el ultimo camino es de esperar que el deterioro, no sea agradable, sumado a la debilidad, la perdida de la autonomía y la independencia, pero que el fin es justificado por la vida ya gastada y que es posible mirar a la muerte a los ojos, sin pena ni dolor y abrazarla como una madre que acoge a un hijo luego de una cansada jornada.
Juan David Osorio G
#CuidadosAlFinalDeLaVida
#CuidadosPaliativos
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