Sé como un muerto
Anónimo:
India
Era un venerable maestro. En sus ojos había un
reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que
paulatinamente iba impartiendo la enseñanza mística. El cielo se había teñido
de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al
discípulo y le ordenó:
-Querido mío, mi muy querido, acércate al
cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a
gritar toda clase de halagos a los muertos.
El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El
silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda
clase de elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.
-¿Qué te respondieron los muertos? -preguntó el
maestro.
-Nada dijeron.
-En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al
cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos.
El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A
pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de improperios contra los muertos.
Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:
-¿Qué te han respondido los muertos?
-De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo.
Y el maestro concluyó:
-Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a
los halagos y a los insultos de los otros.”
Quien hoy te halaga, mañana te insultara, quien hoy
te insulta mañana puede que te halague, por este motivo es mejor escuchar pero
no dar crédito a lo que muchos, partiendo del desconocimiento, prejuicio, mala-interpretación,
imprudencia, intolerancia o ignorancia, sin juicio, ni razón dicen de uno.
Juan David Osorio G
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