MI SUICIDIO
La sociedad, la medicina y la
cultura contemporánea han cuestionado y censurado tanto el acto del suicidio
como al suicida y posteriormente a la familia del suicida, creo que más que
cuestionar o censurar el acto o a quien lo realiza es investigar los motivos
que conducen a una persona a optar por esta alternativa de muerte tan compleja
y con gran impacto tanto para el suicida que no logra su fin, como para su entorno,
además que a mi juicio es un acto de gallardía, no de cobardía como muchos
piensan, pues terminar con la vida por la propia mano requiere o una pérdida
del juicio o un logro del mismo que permite al suicida llegar a esta determinación
y vencer el temor a la mayor angustia de la vida, la misma muerte.
No quiero abordar en este
momento aquellos suicidas que psiquiátricamente cursan con algún grado de
alteración que los conduce a suicidarse pues pienso que es harina de otro
costal, quiero elucubrar sobre el suicida existencial o con fines políticos,
sociales, religiosos o convicciones individuales y preguntar, no espero
respuestas, solo que cada quien si le interesa se interrogue sobre esta determinación
y no para criticar el acto o al actor, pues quien en la vida del otro puede decidir,
especular o criticar si este acto (que parte de un juicio elaborado sin
alteración neuropsiquiatrica de base, puede) es aceptable, comprensible o
tolerable, acaso nuestra vida así seamos dependientes de una familia o una
sociedad no nos corresponde por derecho, acaso es el estado quien determina si
este acto es correcto o es un crimen, acaso es la religión quien da las pautas
sobre la vida de los demás, acaso es la ciencia médica quien define hasta donde
debe durar un ser humano
Reitero, no quiero abrir una
discusión de redes, solo estoy dando mi opinión parcializada, SÍ, LA MÍA y
quiero invitar a que cada quien si así lo quiere piense esta situación y en su
buen juicio intente responder estos y otros interrogantes referentes a este
tema, al tema del morir y la muerte y saque sus propias conclusiones, pues
nuestra vida y nuestra muerte nos pertenece, así como la forma como deseamos
vivirla y morirla, inevitablemente no debe ser el otro el que conduzca mis
actos siempre que estos no estén vulnerando los derechos de los demás.
Con esta corta introducción
deseo recomendar una obra de un suicida Henri Roorda, que logro su elaborada
obra y que desde el silencio de su ausencia invita a meditar por la vida y su
final.
Juan
David Osorio G.