sábado, 28 de abril de 2018

El voluntario en el equipo de cuidados paliativos



“Voluntariado es la acción libre, solidaria y transformadora que lleva a cabo las personas en su comunidad, barrio o ciudad, de forma gratuita y dentro de una organización sin ánimo de lucro, cívica y democrática, en la búsqueda del desarrollo social y el bienestar común.”

Dentro del equipo de cuidados paliativos el voluntariado es de los miembros que mas impactan en el proceso de humanización en la atención, sin la necesidad de un conocimiento científico ni técnico, pero con una gran entrega, cuidado, acompañamiento y compasión en beneficio del enfermo y su familia.
Si estamos dando la importancia que se merecen y el reconocimiento a su labor?
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Juan David Osorio G.
#juandavidosoriog

jueves, 19 de abril de 2018

Estamos asesinando la infancia y poco nos importa.





Estamos asesinando la infancia y poco nos importa.

Recuerdo que mi infancia fue muy diferente a la actual y no por los niños ni los padres, lo fue por la forma de educar y los intereses del momento respecto a los de la actualidad.
Llega a mi memoria el preescolar, la primaria y el bachillerato, no olvido que de los tres periodos educativos la jornada terminaba al medio día y podía llegar a mi casa o a la casa de una tía a almorzar en compañía de mi hermano y unos primos.
Recuerdo que antes de almorzar nos retirábamos el uniforme para no mancharlo de comida y posteriormente hacíamos tareas, normalmente eran pocas las cuales terminábamos rápido para poder hacer lo que todos los niños a esta edad era habitual: Jugar, jugar y jugar, salir a la calle a encontrarnos con los amigos de cuadra, para hablar de los juguetes, de futbol u otras trivialidades de suma importancia para los dialogantes, pero en general las tardes estaban llenas de juegos, como Yeimi, ponchado, mosquita, chucha, escondidijo, golosa, la vuelta a Colombia con tapitas y un remate de pelota con los amigos, entre risas, peleas, regaños, llantos y finalmente risas, sudor, una variedad de olores y una fatiga extaciante y una que otra entrada a la casa a tomar refresco, jugo, manchatripa, aguapanela sola o con limón o la inigualable agua de la canilla y como olvidar el algo, que no faltaba dentro de la rutina de las tardes, para retornar nuevamente a los juegos hasta que al final de la tarde a los que habitualmente no podíamos disfrutar de la presencia de los papas en casa, esperar que estos nos recogieran para hacer la rutina de la noche en casa, como era arreglar uniformes, maleta y comer para luego ir a dormir, sin olvidar la cepillada de dientes a regañadientes; eran raras las noches que recuerdo en las que me tocaba quedarme hasta tarde haciendo tareas. Y así trascurrieron muchos años para llegar al día de hoy y ver repetir parte de la historia con mis hijos y los contemporáneos de estos, sin embargo la historia se parece en muy poco a lo que debería ser y se esperaría que fuera según la historia, los juegos, las salidas a la calle, las pocas tareas del colegio para la casa, mucha alegría y gran desgaste de energía hasta el cansancio para llegar tan fatigado en la noche y caer como piedras, nada de esto no es lo común para los niños de hoy.

Nuestros niños estudian 3 horas más que nosotros y a pesar de esto deben estudiar otras dos o tres más en casa, ya no disponen de tiempo para jugar con los amigos contemporáneos, pues estos o están estudiando u ocupados en extracurriculares de los cuales llegan a sus casas después de las 5 de la tarde, para continuar haciendo tareas si el cansancio, la impaciencia, la irritabilidad o la apatía se los permite.

Que fue de la antigua practica  de los tres ochos, ocho horas de trabajo o estudio, ocho horas de ocio y ocho horas de descanso o sueño, es que los niños de hoy son diferentes a los de ayer?, es que la genética ha cambiado?, el desarrollo neurológico, físico y psíquico es distinto?; es probable que nuestra sociedad lo haya hecho, que tengamos mas infamación, mas tecnología y mas versatilidad en muchas de nuestras actividades, pero porque los niños deben sufrir estas consecuencias y ser afectados por los apuros de los adultos y la premura por lograr todo hoy.

Es lamentable que la alegría, la actividad, el disfrute y la fatiga de hacer muchas cosas este desapareciendo de manera vertiginosa y que el interés de los colegios en cabeza de sus rectores y el respaldo de sus profesores sea el de hacer niños “más inteligentes”, con una “mejor educación”, con “mayores conocimientos” y más “capacidades académicas y competitividad”, ya no importa si los niños son felices, importa es si están ocupados como máquinas y llenos de información como computadoras; pero pregunto de que sirve tener mucha información que no se traduce ni en conocimiento y menos en sabiduría, de que sirve estar todo el día estudiando para un futuro si los niños mientras más pequeños el futuro está más en el presente y a mayor edad el futuro no está más lejos de mañana, estamos asesinando la infancia, justificada por un sinnúmero de explicaciones técnicas académicas y educativas e incluso psicopedagógicas, que a los niños importa poco, pues están en una época de la vida donde el aprendizaje se consolida con base en el juego, la didáctica, el compartir, el reír, llorar y enojarse para volver a reír, llorar y enojarse, lo que les permite entender la vida por los momentos cargados de emociones, no de información.

Será que el interés de las instituciones educativas si es el bienestar en proporción a la necesidad de los niños sobre la de los adultos o prima el infanticidio generalizado por hacer adultos pequeños, acelerados, irascibles, con poca tolerancia a la frustración y la perdida, con el esperado resultado del escalafón dentro de las mejores instituciones del país, acaso un mejor niño es el que está en el colegio numero uno y el peor es el que está en el colegio del último puesto del escalafón de “calidad educativa”, será más inteligente el que más tiempo estudia y se embute información que al final del día no sirve ni para ser mas concientes de la vida, mas prácticos, mejores personas ni les genera mayor utilidad en la realidad de la vida y el mas bruto es el que menos se le exige por acumular información, será que los niños más educados, más tranquilos, más felices son aquellos que están siendo obligados a salirse de los límites del ser niño e introducirlos de manera forzada a las actividades y obligaciones del ser adulto.
Y para agregar a la desastrosa situación de la educación actual (no estoy diciendo que sea mala, solo que ha perdido el norte en relación a quien va dirigida) los padres se hacen el pajazo mental que son los mejores por estar más informados por tener las mejores notas y por estar en el colegio más sobresaliente, pero si preguntan a estos niños pensaran igual que sus padres? o renunciarían a todo si pudieran vivir nuestra infancia 20 o 30 años atrás?, con una sociedad más de ellos, un mundo donde importa el quienes, no cuanto saben, donde la familia es para acompañar vivir y aprender y en ausencia de los padres siempre habrá unos tíos o unos abuelos que cuidan para hacerlos mejores y al final de la tarde tendrán la certeza que sus padres vendrán a su encuentro y no a recriminar por los estudios ni las notas, ni a pelear, ni presionar por qué no llevan 9 o 10 horas de estudio día sin rendimiento, llegan a estar con sus hijos, con sus niños para finalizar el día como todo niño debe hacer, con poca presión, algo de educación, mucho amor, gran compañía de su familia pero exagerad juego, distracción y emoción con sus amigos contemporáneos, preferirán esto?.

Es triste que en una sociedad cada vez más acelerada, donde la vida importa cada vez menos, donde el individualismo es mayor y el aislamiento en aumento, donde la competencia está por encima de los valores y el dinero es el precio de un buen día y la aspiración de una vida, es lamentable que los colegios no hagan un alto en el camino por recuperar lo que la sociedad de manera brutal le quita a los niños, la inocencia, las ilusiones y la esperanza.

Es triste que los adolecentes no le encuentren sentido a la vida y que el índice de suicidio en adolecentes y adultos jóvenes valla en incremento, pues para que vivir una vida sin color, ni sabor, pero como no esperar a esta conducta si estamos asesinando la infancia que no es más que una gran razón para entender la vida y para justificar el seguir viviendo, acaso no es la infancia la gasolina para el resto de la vida, no es el colegio el lugar donde esta gasolina se refina y repotencia, no digo que los colegios sean mediocres, pues los nuestros no lo fueron y eso es evidente en un gran número de profesionales del presente, producto de jornadas de 5 horas, pero tardes llenas de vida y vividas en compañía de otros maestros gigantes los amigos; quiero hacer un llamado a el profesorado y en especial al rector, para reevaluar sus intereses y reposicionar el norte de su labor, pues un niño deprimido, ansioso, con trastorno de la personalidad y la conducta es producto no solo de la genética, la familia, el ambiente familiar y social negativo, también es producto del refuerzo negativo de la educación de la institución y no por que lo hagan mal pero si porque no les permiten ser niños el tiempo suficiente dentro y fuera del establecimiento.

La muerte de la infancia es responsabilidad de los profesores y de los padres; pero somos tan cómplices los que no se quejan, como los que se quejan y no lo resuelven.

Profesores quieren seguir siendo responsables de la muerte de la infancia? Acaso olvidaron la razón del educar? ´pero en especial la esencia del ser niño?

Despierten del letargo, la vida es hoy, no importa si mañana moriremos importa es que antes de morir podamos mirar atrás y ver nuestros recuerdos como el mayor tesoro y único tesoro, pues la vida es un presente que se vive en el presente, el futuro es una ventana cerrada de cuya cerradura no poseemos las llaves.

Me disculpo si presento algún error ortográfico o gramatical.
Gracias.
Juan David Osorio G.
Padre de familia.
Pero sobre todo un mortal más.

viernes, 13 de abril de 2018

Envejecimiento y Síndrome de Down




Envejecimiento y Síndrome de Down
Una guía de salud y bienestar

Actualmente, es común que los adultos con síndrome de Down lleguen a la vejez y suelan vivir hasta los 50, 60 y 70 años. Aunque hay muchos acontecimientos emocionantes que acompañan al hecho de envejecer, la vejez también puede plantear retos imprevistos para los cuales es posible que los adultos con síndrome de Down, sus familias y sus cuidadores no se sientan preparados adecuadamente. Para poder disfrutar de todos los aspectos maravillosos de una vida más larga es importante tomar la iniciativa y conocer los problemas que puedan presentarse.
Los adultos con síndrome de Down, así como sus familias y sus cuidadores, necesitan información precisa y educación sobre lo que pueden esperar como parte del envejecimiento para preparar el terreno y envejecer con éxito. La finalidad de este folleto es ofrecer ayuda con este proceso. Está destinado a distintos tipos de lectores: familias, profesionales, cuidadores directos o cualquier persona relacionada con el bienestar general de alguien que tenga síndrome de Down.
National Down Syndrome Society

Si envejecer no es fácil para la población en general, como lo será para aquellos con síndrome de Down si quienes los cuidan no conocen ni entienden sus necesidades.

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viernes, 6 de abril de 2018

Birgit, historia de una muerte




Birgit, historia de una muerte

Mmuchos de los libros referentes a la enfermedad terminal, agonía y muerte hacen mención al enfermo y en segundo lugar a su familia, sin embargo esta corta novela trata a aquellos con frecuencia olvidados durante el proceso de enfermedad, pero que se dan cuenta de todos los sucesos y cambios a su alrededor en relación con el enfermo y que requieren tanta atención y acompañamiento como el propio enfermo en su proceso en curso y el que se viene llamado duelo; hablo de los niños (hermanos, hijos, nietos, sobrinos, etc), que en silencio sufren la pena y el dolor por la ausencia y muerte de sus seres queridos y en particular de sus hermanos enfermos, además del aislamiento al que involuntariamente los llevan sus familiares, pero que por su corta edad en muchas ocasiones no tienen los recursos psíquicos para entender, afrontar y aceptar la muerte de su familiar. Es deber de los adultos independiente del dolor que sienten, de acompañar y cuidar a los más vulnerables en este proceso, así como enseñarles con el comportamiento y la respuesta al suceso, que la muerte hace parte de un proceso natural que será vivida tanto en esta oportunidad, como a futuro con otros cercanos.
Si el adulto no dispone de las herramientas suficientes pueden crear en el pequeño una alteración de la percepción del morir y una lectura inadecuada de esta condición propia de nuestra humanidad y nuestra vida.
Que la enfermedad de un niño, no explique el olvido de los niños que le rodean.

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Juan David Osorio G.

Que hacemos en cuidados al final de la vida.

Que hacemos en cuidados al final de la vida.

Que hacemos en cuidados al final de la vida. Puedes ver el vídeo completo en el siguiente link: https://m.facebook.com/story.php?story_fbi...