Estamos
asesinando la infancia y poco nos importa.
Recuerdo que
mi infancia fue muy diferente a la actual y no por los niños ni los padres, lo
fue por la forma de educar y los intereses del momento respecto a los de la
actualidad.
Llega a mi
memoria el preescolar, la primaria y el bachillerato, no olvido que de los tres
periodos educativos la jornada terminaba al medio día y podía llegar a mi casa
o a la casa de una tía a almorzar en compañía de mi hermano y unos primos.
Recuerdo que
antes de almorzar nos retirábamos el uniforme para no mancharlo de comida y
posteriormente hacíamos tareas, normalmente eran pocas las cuales terminábamos
rápido para poder hacer lo que todos los niños a esta edad era habitual: Jugar,
jugar y jugar, salir a la calle a encontrarnos con los amigos de cuadra, para
hablar de los juguetes, de futbol u otras trivialidades de suma importancia
para los dialogantes, pero en general las tardes estaban llenas de juegos, como
Yeimi, ponchado, mosquita, chucha, escondidijo, golosa, la vuelta a Colombia
con tapitas y un remate de pelota con los amigos, entre risas, peleas, regaños,
llantos y finalmente risas, sudor, una variedad de olores y una fatiga
extaciante y una que otra entrada a la casa a tomar refresco, jugo,
manchatripa, aguapanela sola o con limón o la inigualable agua de la canilla y
como olvidar el algo, que no faltaba dentro de la rutina de las tardes, para
retornar nuevamente a los juegos hasta que al final de la tarde a los que
habitualmente no podíamos disfrutar de la presencia de los papas en casa,
esperar que estos nos recogieran para hacer la rutina de la noche en casa, como
era arreglar uniformes, maleta y comer para luego ir a dormir, sin olvidar la
cepillada de dientes a regañadientes; eran raras las noches que recuerdo en las
que me tocaba quedarme hasta tarde haciendo tareas. Y así trascurrieron muchos
años para llegar al día de hoy y ver repetir parte de la historia con mis hijos
y los contemporáneos de estos, sin embargo la historia se parece en muy poco a
lo que debería ser y se esperaría que fuera según la historia, los juegos, las
salidas a la calle, las pocas tareas del colegio para la casa, mucha alegría y gran
desgaste de energía hasta el cansancio para llegar tan fatigado en la noche y
caer como piedras, nada de esto no es lo común para los niños de hoy.
Nuestros
niños estudian 3 horas más que nosotros y a pesar de esto deben estudiar otras
dos o tres más en casa, ya no disponen de tiempo para jugar con los amigos
contemporáneos, pues estos o están estudiando u ocupados en extracurriculares
de los cuales llegan a sus casas después de las 5 de la tarde, para continuar
haciendo tareas si el cansancio, la impaciencia, la irritabilidad o la apatía
se los permite.
Que fue de la
antigua practica de los tres ochos, ocho horas de trabajo o estudio,
ocho horas de ocio y ocho horas de descanso o sueño, es que los niños de hoy
son diferentes a los de ayer?, es que la genética ha cambiado?, el desarrollo
neurológico, físico y psíquico es distinto?; es probable que nuestra sociedad
lo haya hecho, que tengamos mas infamación, mas tecnología y mas versatilidad
en muchas de nuestras actividades, pero porque los niños deben sufrir estas
consecuencias y ser afectados por los apuros de los adultos y la premura por
lograr todo hoy.
Es lamentable
que la alegría, la actividad, el disfrute y la fatiga de hacer muchas cosas
este desapareciendo de manera vertiginosa y que el interés de los colegios en
cabeza de sus rectores y el respaldo de sus profesores sea el de hacer niños
“más inteligentes”, con una “mejor educación”, con “mayores conocimientos” y
más “capacidades académicas y competitividad”, ya no importa si los niños son
felices, importa es si están ocupados como máquinas y llenos de información
como computadoras; pero pregunto de que sirve tener mucha información que no se
traduce ni en conocimiento y menos en sabiduría, de que sirve estar todo el día
estudiando para un futuro si los niños mientras más pequeños el futuro está más
en el presente y a mayor edad el futuro no está más lejos de mañana, estamos
asesinando la infancia, justificada por un sinnúmero de explicaciones técnicas
académicas y educativas e incluso psicopedagógicas, que a los niños importa
poco, pues están en una época de la vida donde el aprendizaje se consolida con
base en el juego, la didáctica, el compartir, el reír, llorar y enojarse para
volver a reír, llorar y enojarse, lo que les permite entender la vida por los
momentos cargados de emociones, no de información.
Será que el
interés de las instituciones educativas si es el bienestar en proporción a la necesidad
de los niños sobre la de los adultos o prima el infanticidio generalizado por
hacer adultos pequeños, acelerados, irascibles, con poca tolerancia a la
frustración y la perdida, con el esperado resultado del escalafón dentro de las
mejores instituciones del país, acaso un mejor niño es el que está en el
colegio numero uno y el peor es el que está en el colegio del último puesto del
escalafón de “calidad educativa”, será más inteligente el que más tiempo
estudia y se embute información que al final del día no sirve ni para ser mas
concientes de la vida, mas prácticos, mejores personas ni les genera mayor utilidad
en la realidad de la vida y el mas bruto es el que menos se le exige por
acumular información, será que los niños más educados, más tranquilos, más
felices son aquellos que están siendo obligados a salirse de los límites del
ser niño e introducirlos de manera forzada a las actividades y obligaciones del
ser adulto.
Y para
agregar a la desastrosa situación de la educación actual (no estoy diciendo que
sea mala, solo que ha perdido el norte en relación a quien va dirigida) los
padres se hacen el pajazo mental que son los mejores por estar más informados
por tener las mejores notas y por estar en el colegio más sobresaliente, pero
si preguntan a estos niños pensaran igual que sus padres? o renunciarían a todo
si pudieran vivir nuestra infancia 20 o 30 años atrás?, con una sociedad más de
ellos, un mundo donde importa el quienes, no cuanto saben, donde la familia es
para acompañar vivir y aprender y en ausencia de los padres siempre habrá unos tíos
o unos abuelos que cuidan para hacerlos mejores y al final de la tarde tendrán
la certeza que sus padres vendrán a su encuentro y no a recriminar por los estudios
ni las notas, ni a pelear, ni presionar por qué no llevan 9 o 10 horas de
estudio día sin rendimiento, llegan a estar con sus hijos, con sus niños para
finalizar el día como todo niño debe hacer, con poca presión, algo de
educación, mucho amor, gran compañía de su familia pero exagerad juego, distracción
y emoción con sus amigos contemporáneos, preferirán esto?.
Es triste que
en una sociedad cada vez más acelerada, donde la vida importa cada vez menos,
donde el individualismo es mayor y el aislamiento en aumento, donde la
competencia está por encima de los valores y el dinero es el precio de un buen día
y la aspiración de una vida, es lamentable que los colegios no hagan un alto en
el camino por recuperar lo que la sociedad de manera brutal le quita a los
niños, la inocencia, las ilusiones y la esperanza.
Es triste que
los adolecentes no le encuentren sentido a la vida y que el índice de suicidio
en adolecentes y adultos jóvenes valla en incremento, pues para que vivir una
vida sin color, ni sabor, pero como no esperar a esta conducta si estamos asesinando
la infancia que no es más que una gran razón para entender la vida y para
justificar el seguir viviendo, acaso no es la infancia la gasolina para el
resto de la vida, no es el colegio el lugar donde esta gasolina se refina y
repotencia, no digo que los colegios sean mediocres, pues los nuestros no lo fueron
y eso es evidente en un gran número de profesionales del presente, producto de
jornadas de 5 horas, pero tardes llenas de vida y vividas en compañía de otros
maestros gigantes los amigos; quiero hacer un llamado a el profesorado y en
especial al rector, para reevaluar sus intereses y reposicionar el norte de su
labor, pues un niño deprimido, ansioso, con trastorno de la personalidad y la
conducta es producto no solo de la genética, la familia, el ambiente familiar y
social negativo, también es producto del refuerzo negativo de la educación de
la institución y no por que lo hagan mal pero si porque no les permiten ser
niños el tiempo suficiente dentro y fuera del establecimiento.
La muerte de
la infancia es responsabilidad de los profesores y de los padres; pero somos
tan cómplices los que no se quejan, como los que se quejan y no lo resuelven.
Profesores
quieren seguir siendo responsables de la muerte de la infancia? Acaso olvidaron
la razón del educar? ´pero en especial la esencia del ser niño?
Despierten
del letargo, la vida es hoy, no importa si mañana moriremos importa es que
antes de morir podamos mirar atrás y ver nuestros recuerdos como el mayor
tesoro y único tesoro, pues la vida es un presente que se vive en el presente,
el futuro es una ventana cerrada de cuya cerradura no poseemos las llaves.
Me disculpo
si presento algún error ortográfico o gramatical.
Gracias.
Juan David
Osorio G.
Padre de
familia.
Pero sobre
todo un mortal más.